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Los que trabajamos en el mundo de los seguros estamos lamentablemente acostumbrados, a atender a muchas personas que solicitan presupuesto para un seguro de vehículo que, en ocasiones, hace varias días o semanas que ya están vencidos, argumentando que se encuentran en el período de gracia de la compañía.

¿Pero qué es eso del período de gracia?
 
Está muy extendido considerar el período de gracia, como el tiempo de que disponemos para poder asegurar nuestro vehículo, independientemente de si hacemos un nuevo seguro o renovamos el seguro en vigor. Así, muchos creen que tienen cubierto su vehículo a través del seguro actual por encontrarse en ese período de tiempo.

Lo cierto es que se trata de un tema muy ambiguo que nos puede salir bastante caro. 

Tengamos en cuenta que la Ley de Contrato de Seguro establece que la duración del contrato de seguro en los seguros de automóviles deberá determinarse en la póliza y, aunque no podrá ser superior a diez años; sí podrá convenirse entre las partes, que se prorrogue una o más veces, por un período no superior a  un año. Cuestión ésta que las aseguradoras han tomado como costumbre, pues, dicha cláusula se incluye prácticamente en todos los seguros de automóviles. Y esto, con independencia de la gratía que la aseguradora nos concede a la hora de pagar el seguro de forma semestral o trimestral; es decir, el seguro se hace por un año, por lo que, si lo pagamos de forma trimestral, no vale rescindir el contrato el segundo o el tercer trimestre, ya que la aseguradora se compromete a asumir el riesgo asegurado por la contraprestación de la prima anual. Por tanto, la aseguradora, con la ley en la mano, podría reclamarnos las primas impagadas e incluso el pago que haya satisfecho por los siniestros del año en curso (incluidos siniestros de lunas y asistencia).

Además, el artículo 22 de la Ley de Contrato de Seguro indica que cualquiera de las partes (aseguradora o asegurado) puede rescindir unilateralmente el contrato a la finalización del año en curso, siempre y cuando lo comunique a la otra parte con un preaviso mínimo de dos meses y por escrito. (A partir del 01.01.16 se reduce el preaviso para el asegurado en un mes. Para la aseguradora se mantienen los dos meses de preaviso en caso de rescisión.)


Pero sigamos con el "período de gracia"...

Si nos ha vencido el seguro del coche y tenemos intención de devolver el recibo para empezar a buscar en ese momento un seguro más barato, además de la anterior apreciación, tenemos que tener presente que el período de gracia que concede la aseguradora para el pago, no obedece más que al tiempo que emplea la compañía en intentar cobrar el recibo devuelto o pendiente, bien de forma directa con el asegurado, o bien a través de su red de mediadores. En ocasiones, el recibo de seguro se devuelve porque cambiamos de banco o cuenta corriente y se nos pasa comunicarlo a la entidad aseguradora, por la insuficiencia puntual de saldo o por motivos diversos que pueden ser ajenos a nosotros. Otras veces, es el mediador quien pasa a cobrar físicamente el recibo. Cuestiones que la compañía tiene en cuenta y por las que emprende las oportunas gestiones de cobro concediendo ese período de gracia al que hacíamos alusión anteriormente. 

Sin embargo, ese período de tiempo, o el período de gracia, es un arma de doble filo. Imaginemos que nos cargan el recibo en el banco un día 5, y mientras que observamos que tenemos el cargo y lo devolvemos, ya estamos en el día 10. En ese momento, buscamos otros precios, y un día 15 encontramos un seguro que nos conviene más, formalizando el nuevo seguro con otra compañía en esa fecha. 

¿Qué nos puede pasar entonces?

Empecemos por lo peor, si el vencimiento de nuestro seguro actual es un día 5 y contratamos finalmente otro seguro el día 15, en realidad hemos tenido 10 días nuestro vehículo sin cobertura. Y la experencia nos dice, sobre todo en el caso de vehículos como furgonetas y camiones; que las reclamaciones por siniestros en muchos casos llegan muy a posteriori. Podriamos vernos avocados a tener que pagar un siniestro de nuestro propio bolsillo, o lo que es peor, podríamos vernos inmersos en un procedimiento judicial, y como garante, nuestro patrimonio personal.

Además, en el supuesto de que obviemos lo contenido en el artículo 22 de la LCS citado anteriormente, podemos encontrarnos con que hemos pagado el recibo del nuevo seguro y la compañía anterior nos reclama la prima impagada, lo que puede motivar una reclamación judicial o incluso que aparezcamos incluidos en un registro de morosos.

Ante el impago, las compañías tienden por lo general a anular la póliza sin más consecuencia, pero la competencia tremenda que vive el sector está llevando a muchas aseguradoras a reclamar esos impagos de primas, sobre todo en los casos en los que el cliente decide concluir el contrato sin haberse cumplido la anualidad.

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LaGuiadelSeguro